Declaración de intenciones…

La primera vez que escuché la radio de una manera consciente y decidida, dispuesta a disfrutar de ese momento tenía 14 años. En la cama, arropada hasta la nariz y con mis nuevos auriculares probé a sintonizar la emisora músical y nacional más importante del momento, “Los 40 Principales”. Me habían hablado de un programa nocturno que conducía un locutor algo excéntrico pero que parecía saberlo todo sobre música, y me dije: “por qué no”.

“3, 2 ó 1” así comenzaba cada noche, a las 10, su programa. Una voz diferente, amigable, desprovista de convencionalismos o etiquetas, te daba la bienvenida como si de un amigo más se tratase. Te enganchaba con sus anécdotas e historias vividas con jóvenes del momento o míticos artistas, siempre descubriendo nuevos sonidos o consagrando talentos, pero sobre todo te contagiaba su pasión por la música. “No hay fronteras, no hay barreras”, “la música no tiene prejuicios”.

Por eso mismo, decidí seguir los pasos de Joaquín Luqui, quién me había contagiado su entusiasmo, y quizá algún día me vería a mi misma paseando por la Gran Vía, como hacía él, con artistas que comenzaban a despuntar o genios musicales.

Como suele ser habitual o al menos lo más predecible, el cántaro se rompió. Su voz se había apagado para siempre y yo, aunque había logrado licenciarme en Periodismo, distaba mucho el trabajo monótono y aburrido que desempeñaba con lo que había soñado.

Pero un buen día, descubres que ese sentimiento sigue ahí, perdura. Esa sensación que te hace libre, que te ayuda a sobrellevar los sinsabores de la vida, que te hace respirar, no se ha ido. El sentirte especial, viva, feliz por unos instantes cuando escuchas una canción que te emociona, que te transporta a momentos, imágenes incluso olores pasados. Cuando parece que la Tierra se va a abrir bajo tus pies escuchas un nuevo tema que te hace vibrar y todo lo das por bueno. Quién sabe si mañana te ayudará a enamorarte, igual subes al autobús después de un día para olvidar y escuchas tararear una vieja canción que te recuerda a alguien y te hace esbozar una sonrisa.

Qué fantástica es, por eso mientras haya música hay esperanza.

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6 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Fátima
    Ene 23, 2012 @ 13:27:35

    Qué sincero y bonito es esto que cuentas. Gracias, creo que me vas a ayudar a descubrir lo importante que es la música cada día.

    Responder

  2. rafajmartinez
    Ene 24, 2012 @ 16:01:02

    Me encanta tu blog; sobretodo el ánima que desprende…

    Responder

  3. Gema Garrido López (@gemagarlop)
    Ene 27, 2012 @ 12:58:40

    Me has dejado sin palabras. Tu entusiasmo es contagioso 🙂

    Responder

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